¿Pueden ser los videojuegos una herramienta de aprendizaje para nuestros empleados?

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En el siglo IX a.c. Sun Tzu escribió “El arte de la guerra”. Una obra de la literatura clásica que ha sido traducida en todos los idiomas y adaptada en múltiples ocasiones a temáticas empresariales, de género. La pregunta es: ¿cómo un libro que habla detalladamente de la guerra puede tener tanto éxito y perdurar todavía? Pues bien, la respuesta se encuentra en la importancia de la estrategia en los conflictos bélicos y en la presencia de ésta en los diferentes ámbitos de la vida. En este caso nos centraremos en el ámbito empresarial.

Las empresas, hoy en día, tienen una cierta urgencia por innovar y sacar nuevos productos al mercado, debido a la saturación de éstos. Sin embargo, en múltiples ocasiones, las compañías preparan un nuevo lanzamiento con un plan estratégico perfectamente definido, testean el producto, realizan prototipos y cuentan con una campaña de marketing inmejorable; pero al final resulta que el producto es un fracaso. ¿Cómo se explica tal hecho? ¿De quién es la culpa?

El ser humano, por naturaleza, tiende a olvidarse o subestimar a sus adversarios. En el momento en que no se tienen en cuenta las posibles actuaciones de la competencia se tiene la batalla perdida. Los competidores pueden mover ficha, de manera cautelosa, comprando todas sus unidades, para retirarlas del lineal y poder poner sus productos, por ejemplo.

En consecuencia, múltiples empresas han optado por proponer a sus trabajadores jugar con videojuegos dónde se debe solucionar un conflicto bélico, para entrenar esa competencia de tener siempre el enemigo en mente. Y es que como dice el refranero popular: “Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca aún”.

El desarrollo de software recreativo que simulen situaciones de incertidumbre o situaciones que se aproximan a la realidad, no sólo ayudan a entrenar el afrontamiento de una situación incierta como podría ser una crisis económica; sino que pueden ayudar a hacer previsiones sobre el futuro de la organización y contribuir a mejorar el producto o servicio. Por ejemplo, en una ocasión una empresa, después de dos días de aplicar este método, fue capaz de prever que los productos de más baja gama de su portfolio serian los que más sufrirían la presión de los precios en los tiempos venideros; pues supieron que deberían reforzar el resto de su cartera para compensar los posibles daños que la gama baja sufriese.

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